En nuestra sección de cine, el maestro Alfredo Naime nos llevó por una reflexión profunda y estremecedora sobre dos películas que no solo cuentan historias, sino que confrontan al espectador con la crudeza de la guerra.
Dos títulos que, como él mismo señaló, deberían ver los líderes del mundo.
🎥 La voz de Hind Rajab
Dirigida por la realizadora tunecina Kaouther Ben Hania, esta película parte de un hecho real ocurrido en Gaza el 29 de enero de 2024.
Ese día, Hind Rajab, una niña palestina de apenas cinco años, logró comunicarse con la Media Luna Roja para pedir ayuda. El auto en el que viajaba con su familia había sido atacado, y ella, escondida entre los cuerpos de sus seres queridos, suplicaba ser rescatada.
La cinta es devastadora por su enfoque: nunca vemos a Hind. Solo escuchamos su voz real —extraída de las grabaciones telefónicas de aquel día— en medio de interferencias, estática y sonidos de metralla.
El espacio fílmico se concentra en el call-center de emergencias, donde los voluntarios intentan coordinar un rescate obstaculizado por la guerra. La niña estaba a solo ocho minutos de una ambulancia. Las siguientes tres horas fueron insoportables.
Como explicó Alfredo Naime, la película funciona como docudrama: fusiona el registro histórico con una reconstrucción impecable en términos de respeto y autenticidad. Más allá del caso particular, se convierte en una de las obras antibélicas más potentes de los últimos años.
La cinta está nominada al Oscar como Mejor Película Internacional en representación de Túnez.
Además, existen dos cortometrajes que abordan el caso:
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Cierra tus ojos, Hind (Países Bajos)
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Hind bajo asedio (Jordania)
🎞️ Mr. Nobody Against Putin
El segundo título analizado fue este documental dirigido por David Borenstein y Pavel Talankin.
Ganador del BAFTA 2025 a Mejor Documental y también nominado al Oscar, el filme presenta el testimonio de Pavel “Pasha” Talankin, un joven profesor ruso que documentó cómo su escuela fue transformada en un centro de propaganda militar tras la invasión a Ucrania.
Las aulas comenzaron a ser supervisadas por soldados, y los programas educativos viraron hacia el adoctrinamiento bélico.
Talankin grabó todo en secreto, consciente del riesgo. Cuando el espionaje sobre él se volvió evidente, logró huir de Rusia en el verano de 2024 con ayuda de colaboradores. Actualmente vive exiliado en Europa.
Como señaló Alfredo Naime, se trata de un documento doloroso y valiente sobre los dilemas éticos de los educadores en tiempos de guerra y sobre el poder del cine como herramienta de denuncia.


