Dos palabras: Realmente amor

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Hace ocho días mencioné en este espacio que Realmente amor (Love actually), de Richard Curtis, cumple ya 18 años, que no sé si para el cine sean la mayoría de edad. Es una extraordinaria comedia romántica, que se ocupa del “enamorarse y desenamorarse” de una decena de parejas, algunas interconectadas. Se ubica en Navidad, cuando más florece el amor: el sentimiento (sin que importe la edad de la pareja) que a veces encuentras pronto y bien, a veces pronto o bien, y en ocasiones, ni pronto ni bien. Tiene un estimulante cast estelar: Hugh Grant, Keira Knightley, Colin Firth, Emma Thompson, Liam Neeson, Alan Rickman, Laura Linney, Bill Nighy y hasta Claudia Schiffer, por solo 60 segundos. La película ilustra su(s) argumento(s) con tanta ternura y calidez, con tanta convicción, que se hace irresistible. En efecto, su premisa central es All you need is love, cauce de una cinta para mí perfecta, que puede verse una y otra vez con creciente deleite. Pero ante tanto elogio, se tornan obligadas algunas preguntas…

¿Es viable una película en la que el primer ministro de Inglaterra se enamora ipso facto de la chica encargada del té, a su vez acosada por el presidente de EEUU durante su visita de Estado? ¿Viable, una en la que un chaval doceañero cae en melancolía y tristeza no por la reciente muerte de su madre, sino por su amor sin esperanza hacia una compañera que ni siquiera lo voltea a ver? ¿Viable, una cinta que debe ocuparse de los sentimientos amorosos de una decena de parejas? ¿Viable, siendo uno de sus personajes centrales un decadente rockero cincuentón que vuelve a la cima de la popularidad gracias al refrito –en ridícula versión navideña– de uno de sus antiguos éxitos? ¿Viable, cuando la top model Claudia Schiffer y dos bombones como Denise Richards y Shannon Elizabeth aparecen sólo por minutos, casi irreconocibles? ¿Se sustenta una película así? Bueno, a la luz de lo que Realmente amor ofrece –y cómo– la rotunda respuesta es…¡sí!. Un espléndido debut como director del guionista Richard Curtis, a quien debemos, entre otros, los libretos de Cuatro bodas y un funeral, Notting Hill y El diario de Bridget Jones.

De principio, hay que reconocerle a Realmente amor lo bien que mantiene la cohesión de su premisa –All you need is love– a pesar de tantas situaciones y encrucijadas de sus personajes en torno al enredado virus del amor. Personajes que encarnan desde el puppy love (entre niños) hasta el amor interracial, pasando claro por el que incesantemente buscan hombres y mujeres adultos. Como botón de muestra, diversas de sus “variantes” le ocurren lo mismo al Primer Ministro británico que a una camarera portuguesa; a una oficinista middle age que a un escritor sin musas; a un hombre felizmente casado que a una tímida –sí, tímida– pareja de stunts de películas porno. Y también, por qué no, a un tipo perdidamente enamorado de la (recién casada) esposa de su mejor amigo. Por cierto, el film inicia y concluye en un aeropuerto, el sitio por excelencia para patentizar amor todos los días, en miles de bienvenidas y despedidas.

En fin, Realmente amor; la película en la que todas las manifestaciones de cariño en aeropuertos son reales, y en la que (con una sola excepción) todos los personajes centrales están conectados, como familia, por amistad o por trabajo. La película más rentada del 2004 en el Reino Unido, que contiene, entre otras escenas memorables, el relax disco que se permite Mr. Prime Minister, sin saber que le observa una flemática dama de su staff. La cinta cuyo cast incluye a tres ganadores y cuatro nominados del Oscar; la que le redituó a Claudia Schiffer la muy redonda suma de 200 mil libras esterlinas por su cameo de un solo minuto. La cinta, es en serio, que requirió de una junta de producción de 45 minutos para decidir el color de la ropa interior de Aurelia para la escena del lago. La película, pues, que a mí me gusta recordar en dos palabras, que son un nombre: Keira Knightley.

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